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5 de diciembre de 2016

Mugaritz** II (Errentería, Guipúzkoa)


Dejamos Mugaritz para siempre el día 16 de mayo de este mismo año después de unos intensos 4 meses en el departamento de I+D para desarrollar la carta del nuevo año; pero nos prometimos (al menos los 4 que vivimos en Barcelona) que volveríamos antes de terminar el año para probar nuestros platos pero sentados en la mesa.

A mugaritz no se viene a comer (sin embargo sales bien lleno), se viene a experimentar,a impactar a los sentidos y abrir la mente, a crecer, a entender o desentender, ya lo explique en la entrada de hace casi 2 años, cuando lo pisé por primera vez. La comida de ese domingo me dejó tan trastocada y tan fuera de lugar que me motivo a pedir un stage que afortunadamente me fue concedido.

El stage me rompió los esquemas sobre lo que yo creía de la cocina, sobre mi forma de entenderla. Toda, absolutamente toda mi visión relacionada con los elementos de un restaurante (desde un simple ingrediente hasta el trabajo de un camarero) cambió rotundamente después de casi 1 año de trabajar en este restaurante.

Mugaritz no tiene un menú que puedas escoger cuando te sientas, cada mesa tiene un menú personalizado de 24-27 platos confeccionado por los jefes de cocina, según las preferencias o gustos de los clientes, un trabajo enorme que realizan ellos a diario para contentar a sus 30-50 comensales.
Las mesas no tienen cubiertos, ni platos, ni vasos, solo una luz en el techo que la resalta, un objeto decorativo y un mantel blanco impoluto.


El menú tampoco sigue un orden claro y establecido aunque sigue la línea de lo común, puedes encontrarte un plato de carne al empezar y uno de vegetales antes de entrar en los dulces. Y la mayoría de los platos del menú se comen con las manos, invitando al comensal a involucrarse, a dejarse ir, a chuparse los dedos y a provocarle sensaciones, recuerdos y a crearle una experiencia única. 

Para mi Mugaritz significa la perfección, la pureza, lo natural, el orden, el equilibrio y el desorden al mismo tiempo, la provocación y la ironía.

Volver para comer a significado revivir el recuerdo de todo lo que ha pasado allí de puertas para adentro durante más de un año, todas las personas con las que lo hemos compartido, los momentos en que quisimos abandonar porque se nos hacía demasiado duro y los momentos en que estábamos orgullosos de hasta donde habíamos llegado. Sentir ganas de llorar y de reír al mismo tiempo y sobretodo agradecer a toda su gente el habernos brindado esa oportunidad tan grande de aprender y conocer lo nuevo que la vida allí nos ha dado.


Aleix, Rodri, Alberto, Patri y yo
Entramos a la cocina nada más llegar para saludar a aquellos que fueron nuestros jefes, compañeros y amigos durante todo ese tiempo. Luego nos sentaron en la mesa redonda y empezó el show. 



Pan asado de verduras y queso, perfecto primero. Boniato torneado en forma de pan, bañado en cal para hacerlo duro por fuera y blando por dentro, con una crema de queso idiazábal.



Limón ostra, un limón pequeño francés que se vende encurtido, vaciado y relleno de ostra, un sabor ácido y amargo de la cáscara, con hojas de limonero. Temperatura semicaliente, parece un poco desagradable e sabor y textura. 



Tripas, dos trozos de tripas deshidratadas relleno de helado de mostaza.



Regaliz artesano, una tira de helecho simulando un rollo de regaliz negro con praliné de pipas. Para que el helecho sea comestible y masticable tiene que pasar por un largo proceso de escaldado, cocido y confitado para luego vaciarlo y enrollarlo de un mismo grosor. Es de un sabor dulce y una textura gomosa con el toque herbal de los frutos secos.



Puto con caviar, masa de arroz fermentado típica de Filipinas, se hace una pasta densa y gomosa pero se aligera cuando se mezcla con el caviar en la boca. 



Pie de natto con trufa, tartaleta hecha con natto (plato japonés de soja fermentada) cocida al horno y rellena de setas y trufa. Lo curioso del natto es que es extremadamente desagradable si no estás acostumbrado a ello, pero aquí es apenas notable el sabor ácido del fermentado.



Nube de huevas, cuando creamos el plato era relleno de guisantes lágrima, que explotaban en la boca. La nube está hecha de hojas de oblea remojadas, una textura suave y blanda que explota cuando aparece el relleno sabroso del interior, al lado una trucha baby (un tamaño sorprendentemente menor que un dedo meñique) frita con berros.





Almejas glaseadas con limón, almejas cubiertas con una capa de tendón de vaca con sabor a limón fundido al contacto con el sabor. Igual que la ostra, la temperatura es un poco tibia y es incluso desagradable. 



Tupinambo especiado a la parrilla de carbón, tupinambo vaciado y relleno con su pulpa de nuevo pero aliñada, sabrosisibo y dulzón. Los camareros alertan de que no recomiendan comer la piel, sin embargo es comestible, nos la comemos porque es lo más bueno. 



Pasta viva con anchoas en vinagre, piel de madre de kombucha enrollando una anchoa. el fermentado le da el sabor ácido y una textura elástica y mocosa. 



La pizza, queso vasco de un día de maduración, liofilizado y servido con aceite de hierbas y hierbas frescas de la huerta, muy curioso, crujiente y fresco. 







Galleta estofada con ezpeleta, Costilla con pan sopa, dos platos en uno, por un lado carne de rabito de cerdo ibérico con pimienta ezpeleta (picante) sobre una galleta de piel de rabito crujiente y por otro una miga de pan remojado en caldo de cordero con su carne, espectacular ambos. 




Merluza con fideos de leche,  con un gel de almejas muy gelatinoso. Los fideos son de yuba, un derivado de la soja de origen japonés que se comercializa seco y se tiene que hidratar. 




Pan de regaliz con mantequilla de sardina ahumada, Una combinación que no dejaría de comer, deliciosa esa combinación de textura y sabor ahumado. 




Bogavante y tuétano, Bogavante cocido y trozos de tuétano marcados, pura mantequilla en la boca, cubierto por huevas de bogavante escaldadas, un bocado potente y sabroso. 




Glasa especiada y txipiron, txipiron picado, una lámina circular de mole y caldo concentrado
(El mole que el restaurante Pujol regaló a Andoni en una visita, alimentado cada semana y que tiene por lo menos 5 años -viene a ser como una masa madre pero es una pasta hecha de mezcla de especias, pimientos mexicanos, cacao...- 







Hebras de txangurro congeladas con la forma de la pinza del animal, muy chocante la temperatura y el sabor marino del cangrejo con pimentón



Polvorón de carne, la misma masa que un polvorón pero con lomo de cerdo y glaseado dulce. 



Mollejas y ajos, mollejas fritas con ajos glaseados cocidos que no se distinguen unas de otros y acompañado con una cuchara mojada en miel, un juego de textura y sabores increíble. 




Hojas aliñadas con cochino, carne de cochinillo glaseada y jugosa con hojas de rábano que sirven como apoyo para comerlo con las manos



Salmonete en colorá, corteza de cerdo con lomo de salmonete cocido en manteca colorá, al punto perfecto, un bocado fundente. 



Chips de naranja con pato, piel de naranja liofilizada con grasa de pato sólida y una cuchara con caldo de pato concentrado, versión del famoso pato a la naranja.



El queso, transición del salado al dulce. Un queso diferente cada temporada, normalmente de pequeños productores vascos, quesos únicos servidos con un pan casero recién horneado.



Del amargo al dulce, un plato totalmente floral, sabores frescos y dulces. Helado de haba tonka, polen, toffee y flores de la huerta, un plato que se hace corto.



Madre de kombucha de fresa, versión de las fresas con nata. Kombucha de fresa (té fermentado) con nata emulsionada. Es la misma idea (la piel de madre de kombucha) que el plato de anchoa con pasta viva. 



Cristal de flores y espuma de licores, un postre bellísimo. Cristales de obulato con flores y hojas del día, servido con una crema de licores.



Sopa tostada de vino rancio, el último postre, una provocación a la famosa guía francesa, muñeco michelín de merengue con una sopa exageradamente alcohólica ¿Por qué Mugaritz no tiene la tercera estrella? 



Petit Fours: Los 7 pecados, cada uno es uno de ellos, representado con un dulce perfecto para simbolizarlo. 



Comiendo los petit-fours en la cocina con ellos <3


La cocina limpia, antes de cerrar


Antes de irnos con Guillermo, el sumiller
Lo más interesante es que es un restaurante tan extraordinario e inusual, tanto la comida, como el formato de servicio y el trato que hay gente que lo odia o no lo entiende y gente que siente verdadera pasión, un choque para los sentidos... Para mi es un restaurante que merece una visita anual para probar el menú nuevo.

A marcado un antes y un después en nuestras vivas que ese espacio y esa cocina siempre tendrán un significado especial para todos, estar ahí es como recordarlo todo, ese momento clave de nuestras vidas que nos ha hecho quien somos hoy.

18 de septiembre de 2016

Restaurante Lluerna* (Santa Coloma de Gramenet)

Uno de los restaurantes con estrella michelín indispensables de la periferia, desviándonos de los clásicos conocidos del centro de Barcelona.
El tàndem Victor Quintillà como chef y su mujer Mar Gómez en sala ofrecen la experiencia de una cocina sencilla, con ingredientes de proximidad y gran calidad, comida con sabor y platos bien estructurados, y con una relación calidad precio inigualable.

El restaurante no destaca expresamente por su notoriedad, situado en una pequeña calle en Santa Coloma con una entrada discreta y elegante a un local muy acogedor, pequeño (8-10 mesas contadas, pero muy espaciosas) con un personal cercano y de un trato elegante.

Disponen de 4 menús degustación de precios entre los 36€ y los 72€. Una carta de vinos breve pero con buenas referencias y precios asequibles y un pan increíble de Triticum, como no. Escogimos el menú Lluerna que es el más largo.


Aperitivo de la casa: Mojito sólido. Parece ser melón osmotizado, un mordisco fresco y algo ácido para abrir el apetito. 


Espuma de bacalao con aceite y miel, una combinación clásica que nunca falla. Me hubiera gustado el bacalao más denso tipo brandada o crema, al ser espuma quedaba casi imperceptible y desapareció rápido su sabor y su textura.


Otro abre apetito conocido: Aceitunas rellenas de campari, ácido y amargo, con ralladura de naranja, muy buenas.


El primer entrante fue el Ajoblanco de codium con bonito marinado, Buenísimo el toque de salazón de la codium, una crema realmente buena que se me hizo corta, me falto alguna semilla o alguna hierba. La vajilla era bastante plana para contener un plato de cuchara lo que dificultaba el comerla toda (me daban ganas de lamer el plato).


Luego el Tartar de tomate ecológico del Maresme con falsa yema y salsa de piparra, la yema parecía ser de mostaza. Se notaba la calidad de un tomate increíble pero quedaba muy enmascarado por la acidez de ambas salsas, me supo un poco mal que no fuera el gran protagonista del plato. 



El pan de Triticum, espectacular (variedad de semillas y cereales y blanco)



Berenjena blanca ecológica del Maresme con piñones y suflé. Una berenjena espectacularmente cremosa, suave y dulce con una salsa todavía más dulce (no supe que era) y el suflé que equilibraba tanto azúcar; cortada en un rectángulo y frita. Me recordó a la berenjena glaseada con miel.




Rabo de cerdo ibérico con langostino, un sabor muy bueno sobretodo por el toque de sésamo de la salsa y el salteado de judías, para mi lo mejor ya que no como carne... Un plato muy oriental,. El rabo estaba envuelto en una capa crujiente de pan y frito, una forma de tener el crujiente de una falsa piel con la jugosidad de la carne. Mi hermano lo disfrutó locamente. 




Arroz de gamba de playa. Delicioso, arroz en su punto, sabor potentísimo y gambas a modo de carpaccio crudas (cocinadas ligeramente con el calor residual) cubriendo el plato. 



Pescado de playa con parmentier con butifarra negra y setas.  Muy bueno y con una salsa dulce y jugosa



Pichón con rigatoni relleno, pan de aceituna negra y salsa de anchoas
El pan de aceitunas quedaba algo escondido de sabor ante tanto salazón. Me gustó la salsa de anchoas y creo que con platos cárnicos queda genial. El pichón era de unos amigos de la família y de mucha calidad, marcado a la plancha y crujiente con los rigatoni rellenos de su paté.



1/2 ración de quesos catalanes (cabra y vaca) con mermelada de tomate, suplemento de 7€. Ideal para terminar el pan antes del gran final.



Ceviche de mango y coco
Me encanto, cada vez me gustan más los postres afrutados y frescos. En efecto lo era: Mango con toques ácidos en el jugo y un helado cremoso de coco y cilantro, una buenísima  combinación muy thai style.



Para mi cayó este espectacular Coulant de avellanas con helado de fruta de la pasión y salsa de albaricoque. Ya no digo nada de los complementos, un absolutamente espectacular coulant, cremoso, suave y caliente por el que repetiría todo el menú. Creo que cualquier helado frutal le hubiera venido bien, estaba tan centrada en el sabor potente de la avellana...
Estoy salivando



Para mi hermano, que es alérgico a las avellanas (pobre de él) Espuma de chocolate con helado de fruta de la pasión. Parece denso pero la espuma era muy ligera, le gusto mucho para ser un postre improvisado de cocina. 



Mientras tomaba un te trajeron los petis: coca de chicharrones, xupito de leche aromatizada (tipo leche merengada con brandy creo recordar) y bombón de mojito. Este último muy bueno, refrescante y con sabor a cacao que explotaba en la boca. 

Aquí los dos protagonistas, con el restaurante vacío nos hizo la foto Mar.

Y lo que me encantó es que por ser cocinera y tener compañeros de profesión en común nos enseñaron y presentaron la cocina (pequeña y perfectamente limpia!) y pudimos charlar un poco con ellos.

La cuenta fue de 186€ dos personas, con agua y vino, comimos con mucho gusto y con un trato excepcional. Un sitio que me han recomendado varias veces y que yo también recomiendo a partir de ahora y del que no dudaré en repetir.